Norbert Wiener
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- Categoría: Quién es quien
- Publicado el Domingo, 24 Septiembre 2006 13:38
Contribuyó al desarrollo de la cibernética.
(1894-1964)
Wiener ha pasado a la historia por dos motivos fundamentales: sus trabajos sobre cibernética y la cantidad de anécdotas que suscitó su despiste.
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Historietas:
Norbert Wiener era el típico matemático despistado. En cierta ocasión su familia se mudó a un pueblo muy cercano a donde vivían antes. Su esposa, conociéndole, decidió mandarle al MIT como todos los días, y ella se encargó de la mudanza. Tras repetirle cientos de veces (quizás más) que se mudaban tal día, el día D le dio una hoja de papel con la nueva .dirección, porque estaba absolutamente segura de que lo iba a olvidar. Desgraciadamente, usó este papel para resolverle por la otra cara una duda a un estudiante. Cuando volvió por la tarde a su casa, por supuesto, se olvidó de que se habían mudado Su primera reacción al llegar a su antigua casa y verla vacía fue la de pensar que le habían robado, y entonces recordó lo de la mudanza. Como tampoco conseguía recordar a dónde se habían mudado y no tenla papel, salió a la calle bastante preocupado, y vio una chica que se acercaba; entonces le dijo:
- Perdone, pero es que yo vivía aquí antes y no consigo recordar...
- No te preocupes, papá, mamá me ha mandado a recogerte.
(Hay que decir que era de noche y no se veía bien.)
Tomado de http://www-etsi2.ugr.es/profesores/jmaroza/anecdotario/anecdotario-w.htm
[...] Nació en Columbia, Missouri, en 1894. Niño prodigio, se graduó en Matemáticas con 14 años y terminó el doctorado en Filosofía en la exigente Universidad de Harvard con tan sólo 18 años. Tras desempeñar diversos cargos, después de la guerra se colocó como profesor en el Massachusetts Institute of Technology donde se hizo muy famoso. Se puede decir que fue un genial matemático y una de las mentes más preclaras del siglo pasado.
Los estudiantes del Instituto de Massachusetts contaban y no terminaban. Una de las anécdotas que más repetía Wiener era la de perderse por los pasillos, a pesar de que llevaba años pasando por ellos. Así, en una ocasión un estudiante contó que se encontró al profesor por un pasillo y aprovechó para consultarle una duda sobre un problema complejo. Wiener se concentró tanto en la profusa explicación que le dio al alumno que cuando terminaron y tras despedirse el estudiante se quedó extrañado porque el profesor se quedó parado y parecía dudar.
El estudiante retrocedió y le dijo:
- ¿Le pasa a usted algo profesor?
- Sí -respondió Wiener-, ¿sería usted tan amable de decirme en qué dirección iba cuando nos encontramos?¿A la derecha o la izquierda?
- A la derecha- dijo el estudiante-
- Ah, entonces me iba a comer- respondió con cara de gran alivio Wiener.
Pero esto no es nada. Un buen día otro estudiante también iba por el pasillo cuando se topó de frente con el profesor, por lo que con una inclinación de cabeza le dijo:
- Buenas tardes, profesor Wiener.
Pero el estudiante se quedó sorprendido al ver que, tras decirle eso, el profesor, en lugar de responder a su saludo, se quedó parado y con cara de estar pensando, hasta que de repente dijo en voz alta el despistado profesor :
- ¡Claro!, justo, ¡eso es! Wiener.
Y es que el profesor había hasta olvidado su propio nombre.

